Una de las tareas más importantes y necesarias, y que más debe cuidarse es la elección de los cantos. De ella va a depender no sólo una mejor o peor realización musical (algo que al fin y al cabo, si bien es importante, no deja de ser algo secundario), sino una correcta ambientación de la celebración que facilite a su vez una vivencia lo más fuerte posible de la misma.
El objetivo final de la música en la liturgia es acercarnos a la contemplación del Dios viviente y resucitado. Esto puede lograrse con prácticamente cualquier estilo musical (desde el gregoriano al reaggeton), pero no cualquier canto ni en cualquier estilo. Un ejemplo: en el día de la fiesta de la patrona de un pueblo, la misa mayor, que se va a celebrar en la iglesia principal del pueblo, no cuadra que sea acompañada con cantos recién compuestos y de ritmos muy actuales. Teniendo en cuenta la fiesta y el tipo de gente que posiblemente acuda a esa celebración, lo más sabio será entonar cantos populares típicos de la fiesta (es posible que alguno sea en latín) con acompañamiento de órgano o armonio. En cambio, en una eucaristía de bienvenida de un encuentro religioso de niños o jóvenes, probablemente lo más adecuado sea cantar aquello que hemos desaconsejado en el caso anterior. El pueblo que va a cantar esos cantos, por tanto, es un factor importante a la hora de elegirlos.
Estos dos actores (las características de la asamblea y la fiesta o tiempo litúrgico), que tienen una gran importancia en la preparación de la liturgia sin más, se vuelven de estricta observancia si se quiere que la música apoye y no destroce la celebración litúrgica.
Es de gran importancia, por otra parte, tener claro el siguiente concepto: la música litúrgica no es lo mismo que la música religiosa. La música litúrgica es aquella creada para acompañar o realizar un rito que forma parte de la liturgia (por ejemplo, el Santo se ha hecho para ser cantado en un momento concreto, fuera del cual pierde su sentido).
La música religiosa, sin embargo, es toda aquella música de temática religiosa pero que no responde a una función litúrgica concreta. Esto no quiere decir que sea una música de "segunda categoría" a nivel cristiano, sino que cumple una función diferente en momentos diferentes. Esta música, por ejemplo, puede ser muy apropiada en oraciones sobre la Palabra de Dios, encuentros cristianos de diversa índole, pastoral (especialmente infantil y juvenil), etc...
Otro aspecto importante a tratar es el de la música que no se ejecuta en directo, es decir, la música grabada, en las celebraciones litúrgicas. En general debe quedar claro que este recurso debe ser el último, si otros modos de aportar la música litúrgica no son posibles. Por otra parte, este tipo de música debe reducirse a determinados momentos en la celebración. A saber, de manera amplia: la entrada, el ofertorio, la comunión y la salida. El resto de cantos, en especial aquellos que no son funcionales (Gloria, Santo, Cordero de Dios, Padre nuestro, ...) es una gran pérdida el realizarlos de manera grabada. De poco sirve alabar a Dios (en el Gloria, por ejemplo), si no es uno mismo quien lo hace. En el ofertorio y la comunión las grabaciones son admisibles por su carácter de ambientación. Así mismo, en la entrada y la salida, contribuyen a crear un ambiente bien de recogimiento, bien de fiesta, que puede enmarcarse fuera de la liturgia. En celebraciones especiales como el sacramento del matrimonio, por otro lado, puede entenderse la utilización de grabaciones en la entrada para la marcha nupcial por la falta de buenos intérpretes e instrumentos en muchas iglesias, si bien es una práctica que yo, al menos desaconsejo.
A continuación presento un pequeño esquema de diferentes momentos litúrgicos, principalmente enmarcados en la Eucaristía, con unas orientaciones para la elección de cantos en cada momento.
Entrada
El canto de entrada nació de la necesidad de acompañar de manera viva la procesión con que se iniciaba la Eucaristía en el siglo IV. En aquella época la entrada tenía gran duración, ya que era una procesión solemne desde la iglesia en la que se depositaban las ofrendas (que eran aquello que se ponía en común con la comunidad) hasta la iglesia en que se celebraba la Eucaristía. Hasta el concilio Vaticano II se cantaba un salmo con antífona, alargándose más o menos la cantidad de versículos del salmo en función de la duración de la procesión.
En la actualidad se entonan cantos que hablen de la acogida en la comunidad, la unidad de la Iglesia o la alegría por comenzar la celebración. En ocasiones, allí donde es posible y se considera oportuno, se sustituye por un preludio de órgano.
Características generales
Es un canto funcional. Acompaña a la procesión de entrada.
No se canta para ser escuchado, sino para crear un ambiente.
No tiene un texto fijo, sino que este varía en función de la fiesta, el tiempo litúrgico, etc...
Orientaciones para la elección
El canto debe ser acorde al tiempo litúrgico o la fiesta.
Los temas que debe tratar son la acogida en la comunidad, la unidad de la Iglesia o la alegría por comenzar la celebración. En caso de celebraciones de otros sacramentos (penitencia, matrimonio, bautismo, orden sacerdotal, ...) puede hacer referencia al significado del sacramento (por ejemplo, es aconsejable que el canto de entrada de una confirmación haba referencia al Espíritu Santo).
La duración debe ir relacionada con la duración de la procesión. Debe evitarse que el canto se alargue en exceso si esta ya ha finalizado.
Es preferible un canto alegre y animado que uno pausado y meditativo. Hay que evitar lo segundo incluso en misas de difuntos. Los que han resucitado ya son felices, ¡alegrémonos por ello!.
Perdón
Su fórmula litúrgica ("Señor, ten piedad" [en griego, Kyrie eleison]) es una de las partes más antiguas de la liturgia. Proviene de la costumbre de aclamar al emperador cuando este entraba en Roma. Es una aclamación (doxológica) dirigida a Cristo el Señor para implorar el perdón y la misericordia.
Características generales
Es un canto litúrgico, es decir, forma parte como tal de la liturgia. No acompaña, sino que es un acto litúrgico en sí mismo.
Además de un sentido penitencial, tiene una intención de homenaje y exaltación a Cristo.
Orientaciones para la selección
Deben evitarse los cantos que no contengan estrictamente el texto litúrgico.
Debe procurarse cantar melodías diferentes en función del tiempo litúrgico.
Para no saturar la celebración de cantos puede recitarse en vez de cantarse.
Aspersión
Este rito se realiza en diferentes momentos del año litúrgico (Domingo de Ramos, Pascua, ...), así como en diferentes celebraciones de sacramentos (bautismo, unción de enfermos, ...) para santificar aquello que se aspergea. El agua, símbolo de Vida, moja y deja huella sobre aquello que toca.
Características generales
Es un canto funcional. Acompaña al rito de la aspersión sobre la asamblea, los confirmandos, enfermos, sacerdotes, ...
Es un rito emparentado parcialmente con el bautismo: el agua de Cristo nos da la nueva Vida, la única que de verdad cuenta.
Orientaciones para la selección
El canto dependerá de la celebración y el tiempo litúrgico.
Son aconsejables aquellos cantos que hablen del agua como símbolo.
Ha de procurarse que el canto no sobrepase al rito en cuanto a duración, sino que termine con él.
Gloria
Uno de los textos más antiguos de la liturgia (ya se cantaba en el siglo II en la oración de la mañana). Desarrolla la alabanza del "kyrie". Contiene: 1) El canto de los ángeles; 2) Aclamaciones a Dios Padre; 3) Exaltaciones del Hijo (menciona sus atributos cristológicos); 4) Peticiones de perdón; 5) Concluye con la reiteración del homenaje a Cristo como único Señor y una referencia a la Trinidad.
Características generales
Es un canto plenamente litúrgico. La gran alabanza al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Tiene especial significado en Navidad y Pascua.
En Adviento y Cuaresma se omite.
La asamblea debe participar en su canto.
Al ser un canto litúrgico el texto viene dado, por lo que no debe modificarse.
Su longitud rovoca algunos problemas respecto a su interpretación. Pueden alternarse partes cantadas y recitadas, partes de la asamblea, el coro y los solistas, hacer interpretaciones polifónicas, etc... pero debe buscarse la participación del pueblo. Asímismo debe evitarse que pierda su sentido de himno.
Es aconsejable variar la música en función del tiempo litúrgico.
En las eucaristías de niños se admiten fórmulas abreviadas.
Interleccional / Salmo
Ya los primeros cristianos dieron importancia al rezo y la entonación de los Salmos, como medios para dialogar con Dios. Muestra de ello es el hecho de que una gran cantidad de las homilías de los Padres de la Iglesia se basaran en ellos.
A partir del siglo V pierden su sentido original en la Eucaristía (aunque lo mantienen en la Liturgia de las Horas), viendo reducida su extensión hasta un solo versículo en los cantos graduales de canto gregoriano, algo lógico a nivel práctico, ya que cada versículo podía tardar en cantarse entre uno y quince minutos.
El concilio Vaticano II devuelve a este canto su valor original de diálogo entre Dios y el hombre.
Es importante tener claro que los Salmos (esos 150 poemas agrupados en un libro e inspirados por Dios), fueron escritos para ser cantados, lo cual hace necesario cuidar especialmente su interpretación musical.
Características generales
Es un canto litúrgico y bíblico. Su texto nos viene dado de antemano.
Sirve de respuesta (por tanto, complementa) a la Palabra que acabamos de escuchar.
Es una lectura, por lo que no es en ningún momento sustituible.
Podemos interpretarlo de los siguientes modos: a) Cantado entero: la asamblea canta la antífona y el coro, el solista o el salmista las estrofas; b) Mixto: se canta la antífona (bien al inicio y al final, bien cada estrofa como marca el leccionario) y el lector lee las estrofas; c) rezado: se reza la antífona donde corresponda y el lector lee las estrofas.
Orientaciones para la selección
En primer lugar hemos de encontrar un canto que ponga música al Salmo que se va a rezar (o cantar). Si no encontramos un canto completo, al menos sí un estribillo que se asemeje lo más posible a la antífona (aquello que repite la asamblea).
Deben ser cantos de carácter meditativo, que favorezcan el ambiente de oración serena y faciliten la interiorización de la Palabra de Dios.
En función de la asamblea y la solemnidad del día será más conveniente cantarlo entero o interpretarlo de forma mixta.
Aleluya
Esta aclamación, que para el Cristianismo tiene su raíz en la Pascua, proviene del hebreo. Significa "alabad a Yavé" (Alelu="alabad (imperativo)" + Ya="Yavé"). En el Antiguo Testamento aparece en el Libro de Tobías y en los Salmos; en el Nuevo Testamento en el Apocalipsis.
Es una expresión de júbilo, de alegría, que sin el canto pierde su razón de ser. En la Eucaristía precede al Evangelio, como símbolo de la celebración de que lo que se va a oír es cierto, pues Cristo ya ha resucitado.
Características generales
Canto de júbilo que precede al Evangelio.
Puede repetirse varias veces. Si se hace procesión con los evangelios acompaña dicha procesión.
Suele ir acompañado de un versículo, el cual debe cantarse siempre que sea posible.
Durante la Cuaresma no se canta. El día de Pascua debe dársele gran importancia. Durante el tiempo pascual debe cuidarse su canto especialmente.
Orientaciones para la selección
Es un canto muy alegre, si bien su carácter varía en función del tiempo litúrgico.
El texto viene dado (¡Aleluya!), aunque se admiten añadidos que realcen su sentido para un tiempo concreto (por ejemplo, "Aleluya de la tierra" (Brotes de olivo)).
Durante el tiempo pascual hay que procurar variedad y solemnidad en las melodías.
Credo o profesión de fe
Es un canto poco habitual, dada su extensión y la falta de creación musical concreta. El texto, tal y como lo conocemos, se debe a dos concilios ecuménicos celebrados entorno al siglo III: el de Nicea y el de Constantinopla. Es por ello que acostumbra a denominarse "credo niceo-constantinopolitano".
El canto gregoriano y la polifonía sacra conservan bellas melodías de este texto. La música popular y la creada en las últimas décadas, sin embargo, apenas le han prestado atención.
Características generales
Es importante tener claro que con el Credo profesamos y afirmamos nuestra fe, aquello en lo que creemos. Es por ello que este texto debe ser recitado o cantado por toda la asamblea.
Es un texto litúrgico, por lo que viene dado y no es posible variarlo. Encontramos algunas versiones más o menos actuales que modifican el texto, aun conservando las ideas de fondo. Estos cantos pertenecen más a la música religiosa que a la litúrgica, por lo que recomendamos su uso fuera de la Eucaristía.
Debe ser un canto ágil, dada su extensión.
Para evitar la monotonía puede alternarse entre el coro, los solistas y la asamblea.
Orientaciones para la selección
Ante todo el texto debe ser el dado por la Iglesia Católica.
Deben buscarse cantos ágiles y animados. Enunciar la fe es alegrarse de tenerla.
Ha de intentar cantarse en los días de mayor solemnidad (Pascua, Navidad, Pentecostés, etc...).
Ofertorio
En la Iglesia primitiva con este gesto se presentaba el pan y el vino que se iba a consagrar y compartir, el cual se había tomado del conjunto de ofrendas depositadas antes de comenzar la celebración.
El canto tiene, pues, un carácter puramente de acompañamiento. En la actualidad puede realizarse tanto un canto de la asamblea, como una pieza solística o coral, una pieza instrumental o, simplemente, silencio.
En el ofertorio presentamos a Dios los frutos de la tierra que Él nos da.
Características generales
Es un canto funcional. Acompaña a la procesión de las ofrendas.
Debe ser algo animado, para no crear una monotonía en la Eucaristía, pero no en exceso, ya que esto rompería el ambiente de reflexión y contemplación creado con la escucha de la Palabra de Dios, tan necesario en la liturgia Eucarística.
Debe acompañar al rito. El canto no es el centro y debe finalizar al tiempo que el rito.
Orientaciones para la selección
La temática debe centrarse entorno al pan y el vino y la presentación de ofrendas.
Debe tenerse en cuenta la duración del canto en relación al rito.
En caso de cantos de carácter solístico o coral debe evitarse la elección por puro lucimiento de los intérpretes. Ha de anteponerse la idea de qué mensaje se transmite (el "Ave Maria" de Schubert puede sonar precioso, pero seguramente la asamblea no sabrá darle el significado de ofrenda que este momento require.
Santo
El texto está tomado de Isaías 6,3. En la época primitiva formaba parte de la oración de la mañana. Hacia el año 380 pasa a formar parte de la Eucaristía en Oriente. Poco después pasa a Hispania y la Galia. A mediados del siglo V el Papa Sixto IV lo asume en Roma.
El texto del benedictus ("bendito el que viene en nombre del Señor") se añadió en el siglo VII, tomado del Evangelio de Mateo, de la lectura del Domingo de Ramos.
En un principio se cantó en griego ("Agios agios o Theos") pero en Occidente pronto pasó a cantarse en latín.
La palabra "santo" viene a significar algo así como "el buenísimo". Por ello los judíos, y nosotros también, llamamos a Dios el Santo de los Santos, es decir: el Santísimo.
Características generales
Es un canto litúrgico. El texto es invarible.
Es un rito pensado para ser cantado. Recitarlo es algo incorrecto. El misal romano lo introduce así: "...unidos a los ángeles y los Santos cantamos el himno de tu gloria:".
Es un canto con fuerza y energía.
Lo debe cantar toda la asamblea.
Orientaciones para la selección
Deben buscarse piezas en las que participe toda la asamblea. En determinadas ocasiones puede producirse una alternancia entre solistas/coro y asamblea.
Las piezas deben tener el texto litúrgico completo.
Padre nuestro
Es la oración por excelencia de la Iglesia, aquella con la que Cristo nos enseñó a hablar con Abbá. Procede de una oración judía, la "quedushá", la cual rezan los judíos en el oficio de la mañana.
Desde el punto de vista litúrgico el Padre nuestro cumple tres funciones: recalcar la realidad de que todos los cristianos somos hermanos en la fe, hijos de Dios; hacer eco de la Plegaria Eucarística; y preparar a la persona para el momento de la Comunión.
En los últimos años se ha planteado la posibilidad o no de cantarlo. Algunos liturgistas han abogado por recitarlo como modo de realzar su significado. Otros están a favor de cantarlo de manera más o menos recitativa, en base a las melodías gregorianas o con nuevas armonías.
Lo que está claro es que su rezo no es sustituible por otros cantos en los que no se incluye el texto litúrgico tal cual es. Estos cantos (dícese, por ejemplo, del "Padre nuestro gallego o marinero") acostumbran a utilizarse de manera discutible a modo de antífonas del Padre nuestro, lo cual es poco deseable.
Características generales
Tiene texto litúrgico. No se puede variar. ¡Cuidado con los "Padre-nuestros" antifonales!.
Orientaciones para la selección
Los cantos deben contener el texto litúrgico.
Deben crear un ambiente más bien reposado y sereno, que induzca a la introspección al tiempo que al sentimiento de unidad en Cristo.
La fórmula hispánica o mozárabe, consistente en contestar a cada versículo "AMÉN" puede ser muy enriquecedora. Su melodía, por otra parte, tiene un gran valor al llevar cantándose en nuestra península desde el siglo VI.
Paz
Este rito ya existía en las diferentes litúrgias previas a la unificación litúrgica de Gregorio VII. En algunas se situaba tras la liturgia de la Palabra, en otras, como en la liturgia romana actual, antes de la comunión.
Tiene el significado de perdonarse los pecados cometidos, para así poder acceder limpio al Banquete del Señor.
El canto puede acompañar este rito, si bien muchos liturgistas opinan que sería preferible omitir este canto para realzar el inmediatamente siguiente del Cordero de Dios.
Características generales
Es un canto funcional. Acompaña al rito de la paz.
La temática gira en torno a la paz como don o el hecho mismo de darla; algunos cantos también la piden a Dios.
Orientaciones para la selección
Debe ser un canto breve (no debe durar más que el rito).
Debe evitar romper el ritmo de la celebración.
En determinadas situaciones puede ser preferible una pieza instrumental.
No debemos olvidar que el coro también tiene el derecho y "la obligación" de dar la paz.
Deben evitarse aquellos cantos que hablen de la paz como algo etéreo, sin un profundo significado cristiano.
Cordero de Dios
Surgio hacia el siglo VII en la liturgia primitiva como un canto funcional que acompañaba la fracción del pan (se entiende de las hogazas) para poder repartir posteriormente la comunión a todos los fieles. El canto constaba de un único verso ("Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo ten piedad de nosotros") que se repetía tres veces, con una o diferentes melodías cada una de las veces. Esto se repetía tantas veces como fuera necesario hasta que acabara la fracción del pan.
En el siglo XII el Papa Inocencio III, iluminado por San Francisco de Asís, modificó la tercera invocación para rezar por la unidad de los cristianos y de la Iglesia, dejándolo como actualmente lo conocemos.
Características generales
Es un canto semi-funcional, ya que ha evolucionado casi como un rito en sí mismo. Sin embargo hemos de tener en cuenta que acompaña a la fracción del pan y tiene más importancia que el canto de la paz. La forma litúrgica actual, sin embargo, en la que la fracción del pan es poco más que un símbolo, lo ha reducido a su mínima expresión.
Las tres invocaciones pueden repetirse en número de veces que se estime oportuno.
El texto viene dado por la liturgia.
Es un canto de carácter litánico.
Orientaciones para la selección
Debemos buscar cantos que tiendan hacia la meditación para preparar el momento de la comunión.
Los cantos deben usar el texto que marca la liturgia.
Comunión
Este canto procesional surge también en la liturgia primitiva (siglos III-IV) en la que, al igual que en el canto gregoriano, se entonaban Salmos mientras el sacerdote repartía la comunión. En la liturgia hispánica se caracterizaba por la repetición de un mismo canto basado en el Salmo 33 ("Gustad y ved qué bueno es el Señor").
Con el paso del tiempo, sin embargo, aunque los textos siguen basándose en los Salmos, se permiten una relativa libertad, lo que provocará fuertes debates.
En la actualidad este canto mantiene su carácter primitivo, si bien las composiciones suponen una gran variedad a todos los niveles. Algunos cantos son para la asamblea, otros para el coro o los solistas; unos favorecen la procesión hacia la comunión mientras que otros se centran en crear un ambiente de oración; algunos hablan del pan y el vino o Cristo como alimento de Vida, otros se relacionan con una de las lecturas del día o la fiesta que se celebre. Todo esto da una gran complejidad a la hora de elegir los cantos, que redunda en una cantidad ingente (que se acrecienta día a día) de composiciones.
Características generales
Es un canto funcional. Acompaña la procesión de la comunión.
Puede tener una temática muy variada, relacionada con el rito, las lecturas o la festividad.
Debe favorecer el movimiento procesional y la meditación.
Puede tener un carácter solístico, coral o de la asamblea.
Es conveniente intercalar estrofas instrumentales que favorezcan la meditación.
Al finalizar la procesión y el rito de la comunión debe finalizar el canto, dejando un tiempo de silencio para la oración.
El canto se inicia durante la comunión del sacerdote. No es necesario esperar a que comience a repartir la comunión a los fieles.
Orientaciones para la selección
Como ya hemos dicho, puede haber un abanico muy amplio de opciones. Ante todo el canto debe favorecer la meditación y la oración, no incomodarla. Debe ayudar a crear el clima de silencio y recogimiento que a su fin acecará el alma a Dios.
Canto final y pieza de salida.
No es un canto propiamente litúrgico, si bien la costumbre lo ha insertado en la liturgia. Podemos distinguir cuatro tipos o ramas temáticas principalmente:
- Cantos y antíonas marianas.
- Cantos de animación pastoral.
- Cantos de envío.
- Cantos que recuerden el tema central de la Eucaristía del día.
Si se canta, debe hacerse antes del "Podéis ir en paz". No tiene sentido despedirse y quedarse juntos cantando. Tras el canto y la despedida puede ser loable la interpretación de una pieza instrumental, creando un ambiente de recogimiento que ayude en la oración a quien permanezca en el templo rezando y favorezca la procesión de salida en relativo silencio.
Características generales
Es un canto polivalente. Tiene sentido en sí mismo, no suele apoyar otro rito.
Al no ser un canto puramente litúrgico puede admitir la interpretación de piezas religiosas no litúrgicas, dentro de unos límites.
Diferenciamos entre "canto final" y "pieza de salida". Esta última es de carácter funcional no litúrgico.
Orientaciones para la selección
La temática del canto final vendrá dada fundamentalmente por las características de la asamblea.
Debe procurarse mantener un cierto ambiente de meditación de fondo, aun cuando se toquen cantos rítmicos de animación pastoral.
Las piezas instrumentales tocadas durante la salida deben ser de carácter sacro.
Para la elaboración de esta sección se ha utilizado, junto a la elaboración del autor, el "Cancionero Hosanna Juvenil" de Mariano Fuertes y Antonio Alcalde.